ESPOLÓN FRENDO

1100 mts MD, V+, 80º (AiGUILLE DU MIDI, CHAMONIX, FRANCIA)

Hacía tiempo que soñaba con escalar una gran pared en los Alpes, una de esas clásicas que combinan escalada en roca, mixto, nieve y hielo, una actividad completa donde se mezclara la técnica con el fondo físico y la resistencia psicológica. Hace un año me encontraba muy lejos siquiera de intentar algo así, me faltaba mucha técnica en roca y hielo y sobre todo un compañero de cordada adecuado. Afortunadamente encontré ese compañero, Paco de Bigastro, una vez que empezamos a escalar juntos era cuestión de tiempo que nos decidiéramos a embarcarnos en una movida de este tipo. Después de estar más de un año machacándome para intentar hacer de segundo las vías que Paco abre en roca o en hielo como si no le costara trabajo, pensé que podría ser el momento de intentar un reto importante, y aquí apareció el espolón Frendo, una ruta clásica donde las haya que recorre el espolón norte de la Aiguille du Midi, el pico más emblemático y fotografiado de los Alpes por encontrarse en primera fila de la maravillosa panorámica que se divisa desde Chamonix, la cuna del Alpinismo.

Después de consultar la meteo en la casa de la montaña de Chamonix el lunes 11 de Julio cogemos el telesférico que sube a la Aiguille du Midi y nos bajamos en la parada intermedia, La Plan du la Aiguille, a unos 2310 mts. Montamos tienda a unos 200 mts de la estación y a las 9 ya estábamos dentro de los sacos ya que la idea era estar andando a la una de la madrugada. El reloj sonó a las doce de la noche, apenas habíamos podido dormir una hora pero estábamos espabilados y con ganas de comenzar la escalada. A la 1.40 nos ponemos en marcha, primero caminamos por un sendero para luego atravesar un glaciar cubierto de rocas por donde nos caía de todo, pronto alcanzamos el cono de nieve que nos lleva a pie de vía, tardamos una hora y media en la aproximación.

Cruzamos la rimaya y comenzamos la primera parte, una rampa de nieve y roca, subimos rápidos y sin encordar todavía, luego la vía gira a la izquierda y se pone más vertical, aquí sacamos la cuerda y empezamos con los primeros tramos de cuarto grado intentando coger el tacto a la roca granítica con las botas rígidas, que diferencia a los pies de gato, quizá deberíamos haber practicado más la escalada con botas, pero ahora ya es tarde para eso. Nos parece que avanzamos con fluidez hasta que vemos acercarse los frontales de un guía con su cliente que está subiendo como una locomotora en ensamble, metiendo seguros muy esporádicamente, nos pasan como un rayo al tiempo que me devuelve el reverso que se le había caído a Paco en el primer largo y que no sé cómo pudo encontrar de noche, un golpe de suerte, gracias a esto al final no íbamos a tener que asegurar toda la vía con nudos dinámicos.

Amaneciendo llegamos a la arista donde la dificultad disminuye lo que nos permite movernos en ensamble bastante más rápido que por la parte de abajo, vamos intercalados con otra cordada, creo que de Suizos que tampoco tienen muy claro por dónde va la ruta, en un momento dado hacemos una travesía a la izquierda que nos aparta de la arista y nos lleva a una zona muy engorrosa de subir, con continuas chimeneas, la otra cordada nos ralentiza mucho y nos van cayendo las horas. Finalmente Paco llega a la zona de V grado, una zona de fisuras con algún clavo intercalado, a mi me toca de segundo y aún así me cuesta bastante sacar los pasos con las botas y la mochila cargada, este Paco es una puta máquina, pienso, por lo menos sabemos que hemos vuelto al camino correcto, pero aún nos quedan varios largos muy duros antes de que pueda ver la arista de nieve, por fin se acababa el suplicio, son las 12.30 de la mañana, todavía podemos coger el telesférico si no perdemos mucho tiempo. Así que tras un trago de aquarius y una barrita nos ponemos los crampones y subimos la arista rápidamente, es muy aérea pero avanzamos bien hasta que la nieve empieza a convertirse en hielo. Nos reunimos y mientras decidimos si subir por la izquierda o por la derecha la respuesta nos llega en forma de piedra que casi nos arranca de la vía, la otra cordada está atacando el hielo por la izquierda y tirando de todo, así que nos decidimos por la derecha, más larga pero menos expuesta. Le digo a Paco que tire el primer largo que yo hago el segundo y salimos, jejeje,…. que inocente. Estamos en una rampa de hielo cubierta por una capa de nieve de diez centímetros, la inclinación es de unos 70 grados lo que hace la subida incomodísima y un suplicio para los gemelos, el hielo esta durísimo y hay que golpear con mucha fuerza para asegurar los pasos y aún así no entra más de un par de centímetros la punta del crampón, lo cual no deja ningún reposo a los maltrechos gemelos. Para rematar solo tenemos cuatro tornillos de hielo y un par de estacas que no podemos utilizar, así que hay que poner seguros cada 20 mts o más para poder avanzar algo. Escalamos por la zona pegada a la roca para intentar meter algún friend de vez en cuando que nos de algo de seguridad, las horas nos van cayendo y avanzamos muy lento, las fuerzas se acaban al igual que el agua y la comida, el buen tiempo que nos ha acompañado durante toda la subida ha cambiado y ahora empieza a nublarse y a hacer viento y bastante frio. Y este muro de hielo parece no tener fin. Finalmente Paco llega a una zona de mixto, el hielo se vuelve muy fino y decide seguir por la roca y montar reunión, cuando llego a su altura me las veo y me las deseo para quitar los seguros que ha ido metiendo al zigzaguear por la vía, me aventuro por el hielo malo que se pone a 80 grados para después hacer una travesía a la derecha entre hielo y roca para llegar a una repisa desde donde por fin se divisa la arista que baja de la Aiguille al Valle Blanco. Subo a la arista primero por hielo y luego por nieve blanda donde me clavo hasta la cintura y me voy dejando mis últimas fuerzas, el viento aquí sopla con fuerza lo cual nos anima a darnos más prisa si cabe, me reúno con Paco y subimos los cien metros que nos separan de la estación donde debíamos coger el teleférico a Chamonix, pero demasiado tarde, son las 8.30 y hace rato que salió la última cabina. Nos tocará hacer

vivac en la estación, cerca de los aseos donde sabemos que hace algo menos de frio, no tenemos saco, ni comida, pero afortunadamente el guarda después de intentar que no hiciéramos noche allí, asumió lo inevitable y nos saco unas esterillas y un poco de sopa y café que nos ayudó mucho a pasar las largas horas que nos quedaban hasta que pudiéramos llegar a recuperar nuestras tiendas y bajar a la seguridad de Chamonix. Todo un lujo hacer una vía como está y poder estar en tan poco tiempo en la civilización.

Quería dedicar esta actividad a nuestro compañero Jose María que está pasando por unos momentos duros y a Guillermo el miembro más joven del grupo de montaña.

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